Woman
Before I lay me down to sleep,
I pray for a man, who's not a creep,
One who's handsome, smart and strong.
One who loves to listen long,
One who thinks before he speaks,
One who'll call, not wait for weeks.
I pray he's gainfully employed,
When I spend his cash, he won't be annoyed.
Pulls out my chair and opens my door,
Massages my back and begs to do more.
Oh! Send me a man who'll make love to my mind,
Knows what to answer to "how big is my behind?
I pray that this man will love me to no end,
And always be my very best friend.
Man
I pray for a deaf-mute nymphomaniac with
huge boobs who owns a bar on a golf course,
and loves to send me fishing and hunting. This
doesn't rhyme and I don't give a crap.
Saturday, May 31, 2008
Love poem
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Friday, May 30, 2008
The Visitation of the Virgin
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Thursday, May 29, 2008
Cyrano de Bergerac
Edmond Rostand
English
Small--my nose?
'Tis enormous!
Old Flathead, empty-headed meddler, know
That I am proud possessing such appendice.
'Tis well known, a big nose is indicative
Of a soul affable, and kind, and courteous,
Liberal, brave, just like myself, and such
As you can never dare to dream yourself,
Rascal contemptible! For that witless face
That my hand soon will come to cuff--is all
As empty. . .
of pride, of aspiration,
Of feeling, poetry--of godlike spark
Of all that appertains to my big nose
http://www.gutenberg.org/etext/1254
Español
¿Cómo? ¿Yo un chato igual que vos?
¡Eso nunca! Prefiero
ser el más narigudo caballero,
a no tener nariz. ¡Grande es la mía!
¡Enorme! ¡Gigantesca! ¡Colosal!
Pero yo, de este apéndice nasal,
siempre estuve orgulloso. Un narigudo
es siempre un hombre bueno,
cortés, leal, inteligente, agudo
y de virtudes lleno.
¡No como vos, de inteligencia romo
y en quien nadie repara!
¡Largo de aquí, rufián de tomo y lomo,
que ni nariz teneis en esa cara!.
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Gargantua and Pantagruel
François Rabelais
English
- What is the cause, said Gargantua, that Friar John hath such a fair nose?
- Because, said Grangousier, that God would have it so, who frameth us in such form and for such end as is most agreeable with his divine will, even as a potter fashioneth his vessels.
- Because, said Ponocrates, he came with the first to the fair of noses, and therefore made choice of the fairest and the greatest.
- Pish, said the monk, that is not the reason of it, but, according to the true monastical philosophy, it is because my nurse had soft teats, by virtue whereof, whilst she gave me suck, my nose did sink in as in so much butter. The hard breasts of nurses make children short-nosed.
http://www.gutenberg.org/etext/1200
Español
- ¿Cómo será -observó Gargantúa- que el hermano Jean pueda tener tan hermosa nariz?
- Porque así lo quiso Dios -repuso Grandgousier-; que El, en su divino arbitrio, nos modela como los alfareros sus vasijas.
- Y como el monje Jean -añadió Ponócrates- fue el primero en acudir al mercado de las narices, adquirió las más bellas y grandes.
- Seguid si queréis -adujo Jean-, pero, según la verdadera filosofía monástica, habéis de saber que lo que decís se debe a que mi nodriza tenía las tetas blandas y, hundiéndose en ellas mi nariz como en manteca, fueron creciendo a su sabor, como crece la pasta con la levadura. Las nodrizas de pechos duros hacen chatos a los chiquillos.
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A un hombre de gran nariz
Francisco de Quevedo
Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.
Erase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce tribus de narices era;
érase un naricísimo infinito
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.
Otra versión (posiblemente la original)
del terceto final:
érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.
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Wednesday, May 28, 2008
Carmina
Gaius Valerius Catullus
Latīna
16
Pedicabo ego vos et irrumabo,
Aureli pathice et cinaede Furi,
qui me ex versiculis meis putastis,
quod sunt molliculi, parum pudicum.
Nam castum esse decet pium poetam
ipsum, versiculos nihil necessest(necesse est);
qui tum denique habent salem ac leporem,
si sunt molliculi ac parum pudici
et quod pruriat incitare possunt,
non dico pueris, sed his pilosis
qui duros nequeunt movere lumbos.
Vos, quod milia multa basiorum
legistis, male me marem putatis?
Pedicabo ego vos et irrumabo.
33
O FVRVM optime balneariorum
Vibenni pater et cinaede fili
(nam dextra pater inquinatiore,
culo filius est uoraciore),
cur non exilium malasque in oras
itis? quandoquidem patris rapinae
notae sunt populo, et natis pilosas,
fili, non potes asse uenditare.
56
O REM ridiculam, Cato, et iocosam,
dignamque auribus et tuo cachinno!
ride quidquid amas, Cato, Catullum:
res est ridicula et nimis iocosa.
deprendi modo pupulum puellae
trusantem; hunc ego, si placet Dionae,
pro telo rigida mea cecidi.
English
16
I will fuck your ass and fuck your mouth,
Cock-sucker Aurelius and penetrated Furius,
You who think, because my verses
Are delicate, that I am a sissy.
For it's right for the devoted poet to be caste
Himself, but it's not necessary for his verses to be so.
Verses which then have taste and charm,
If they are delicate and sexy,
And can incite an itch,
And I don't mean in boys, but in those hairy old men
Who can't get their flaccid dicks up.
You, because you have read of my thousand kisses,
You think I'm a sissy?
I will fuck your ass and fuck your mouth.
33
Cleverest of all clothes-stealers at the baths,
father Vibennius and you his profligate son,
for the father has a dirtier right-hand,
but the son has a more voracious anus:
off with you into banishment and the dismal regions,
since the father's plunderings are known
to all the world, and, my son, you cannot sell
your hairy bottom for an As.
56
O, Cato, what an absurdly funny thing,
worthy for you to hear and laugh at!
Laugh, as much as you love Catullus, Cato.
The thing is too absurd and funny.
I just found a young boy having sex with a girl:
May it please Diona, I attacked him
with my rigid thing, using it as a spear.
Español
16
Yo me los voy a culear y voy a hacer que ustedes me la chupen,
a vos Aurelio culo roto y a vos Furio que sos una loca bailarina,
ustedes que a partir de mis versitos, porque son delicaditos, opinaron
que yo era un desvergonzado.
Pues, es conveniente que el poeta respetuoso sea él mismo recatado,
pero no es necesario que lo sean sus versitos;
que tienen finalmente sal y pimienta
si son delicaditos y desvergonzados,
y que también pueden incitar aquello que excita,
no digo a los jóvenes, sino a esos peludos
que no pueden mover sus pitos.
Ustedes, porque leyeron mis "muchos miles de besos",
¿me creen menos hombre?
Yo me los voy a culear y voy a hacer que ustedes me la chupen.
33
Tú, el mayor ratero de los baños públicos,
Vibenio padre, y el bujarrón de tu hijo
(pues, si el padre tiene la mano derecha más corrompida,
el hijo el culo más insaciable),
¿por qué no marcháis al exilio
a alguna maldita costa, supuesto que los robos del padre
son notorios para el pueblo y tú, su hijo,
no puedes vender ni por un As tus peludas nalgas?
56
¡Qué situación, Catón, tan cómica y divertida,
digna de tus oídos y carcajadas!
Ríete, Catón, con la fuerza con que quieres a Catulo:
La situación es realmente cómica y divertida.
Hace poco sorprendí a un jovencito que lo intentaba
con una joven: entonces, a él yo,
con el perdón de Dione,
lo golpeé con la mía tiesa.
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Mi imagen y yo
Juan Carlos Onetti
En algún papel leí, hace años, que el infierno estaba minuciosamente conformado por los ojos ocupados en mirarnos. La frase, entonces, no era de Borges ni de Sábato ni de Sartre ni mía. En cuanto a mí, hace años que aprendí el arte de afeitarme al tacto, para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión. Es que mi imagen – ustedes me lo muestran – avanza, desde hace tiempo, separada de mí. Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella.
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Tuesday, May 27, 2008
Nocturno en el que nada se oye
Xavier Villaurrutia
En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¡qué son labios? qué son miradas que son labios?
y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.
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Diario de un killer sentimental
Luis Sepulveda Calbucura
http://www.mapuche.info/docs/sepulveda9800.html
El detective George Washington Caucamán dio el grito de ¡quietos, al que me mueva le vuelo las verijas! y los jinetes se detuvieron en seco. En un movimiento coordinado por los años de práctica combatiendo el cuatrerismo en los pasos cordilleranos de la Patagonia, dos policías salieron de entre los matorrales y encañonaron a los sorprendidos cuatreros. Caucamán se iba a unir a sus compañeros, pero el gesto del cabecilla del grupo lo inquietó; llevaba una mano bajo el poncho mientras pedía que lo dejaran identificarse. Vio brillar el culatín de la USI y alertó ¡cuidado, tiene una metralleta!, pero el jinete, con un solo movimiento se había echado el poncho sobre la espalda y parado sobre los estribos descorría el seguro del arma. Caucamán saltó hasta quedar a un costado del jinete, alzó la Remington recortada y disparó. E1 hombre salió despedido como si le hubiesen asestado la más brutal coz en las nalgas.
-George Washington Caucamán -dijo el comisario.
-Usted dirá, jefe -se limitó a responder el aludido sin ocupar la silla que le habían indicado, y no por recato, sino porque tenía las botas y los pantalones embadurnados de boñigas. Qué diablos. La vida de un policía que combate el cuatrerismo no es precisamente un sendero de rosas.
-Te has metido en un pozo de mierda, muchacho.
-Llevo 15 años con la mierda hasta el cuello, jefe. Usted sabe que aquí los casos no se resuelven desde el escritorio. Yo huelo las boñigas de una vaca y sé cómo se llamaba la abuela del ganadero.
El comisario cruzó las manos sobre el expediente y asintió con la cabeza. Tenía por delante a uno de esos policías que llegan hasta el final de cada caso sin importarles si terminan con una medalla al mérito colgada del pecho, o ellos colgando de un solitario roble de los Andes.
Volvió a abrir el expediente, y antes de leer por centésima vez las paparruchadas legales allí consignadas miró detenidamente al detective. Medía poco más de un metro setenta, su cuerpo tenía la contextura de un tronco centenario partido por un rayo, definir como cuello al espacio que le separaba la cabeza del resto del cuerpo resultaba una inútil metáfora, sus ojos brillaban como dos negras ascuas, y la cabellera negra, hirsuta, rebelde, indomable, delataba al que lleva pura sangre mapuche en las venas.
-George Washington Caucamán. Fui tu instructor en la escuela de detectives y siempre te hablé claro. Te dije que ser mapuche en este país de mierda era casi tan malo como ser negro en Alabama. Te dije que nunca, jamás te ofrecerían una plaza de servicio digna en la ciudad y por eso te elegí para el servicio rural. Y también te repetí hasta el cansancio que no te metieras en lío con los milicos.
-Con todo respeto, jefe. Yo sólo me limité a cumplir con mi deber.
El comisario reconoció que una vez más el enmierdado policía tenía razón. Los buenos policías tienen algo de suicidas y eso los impulsa a llegar con el cumplimiento del deber hasta las últimas consecuencias -meditó- y enseguida leyó del expediente:
-"...y como resultado de la desafortunada intervención policial. El ciudadano Manuel Canteras recibió una perdigonada doble, del calibre 14, en los glúteos, lo que conllevó a una posterior amputación de la nalga derecha en un cien por ciento, y de la nalga izquierda en un setenta por ciento". George Washington Caucamán, ¡dejaste sin culo al hijo del general Canteras!
Lo siento, jefe. Sé que el general es un pez gordo, pero el expediente olvida mencionar que el jovencito comandaba un grupo de facinerosos que arreaban un rebaño de cuarenta vacas Holstein con rumbo a la Argentina. Vacas robadas a la estancia E1 Rosario. Y tampoco menciona que intentó ametrallarnos con una USI.
E1 comisario encendió un cigarrillo, arrugó la nariz y siguió leyendo:
-"Manuel Canteras hijo se encontraba realizando una excursión en compañía de un grupo de amigos, todos ex miembros de las Fuerzas Armadas, amantes de la naturaleza y las bellezas regionales, los que, tras toparse sorpresivamente con un rebaño de reses extraviadas, cumpliendo con un elemental sentido del deber decidieron conducirlas de regreso hasta sus pastizales de origen en las cercanías de Palena. En eso estaban, arreando el rebaño, cuando fueron atacados sorpresivamente por un contingente de la policía civil..." ¿sigo?
-Pura paja, jefe. ¿Qué piensa hacer conmigo?
-Lo sensato sería obedecer los deseos del general Canteras, expulsarte del servicio para que sus hombres luego se encarguen de ti, pero yo me juego por mis hombres que el culo del hijo de un milico nunca valdrá lo mismo que la vida de un policía.
-Hable claro, jefe.
-He conseguido que el psicólogo del cuerpo te declare sometido a una fuerte fatiga, consecuencia del duro servicio, lo que te ha llevado a actuar de forma temeraria.
-No entiendo ni una palabra, jefe.
-¡Que estás medio chalado, huevón! Y que eso te ha convertido en un policía de gatillo ligero. ¡No digas ni una palabra! Tengo que sacarte de aquí y mandarte a un nuevo destino, en la capital. Este condenado país tiene casi cinco mil kilómetros de fronteras, por todas partes contrabandean vacas, cigarrillos, drogas, y yo tengo que prescindir de un buen policía porque le voló el culo al hijo de un general. A los polis de gatillo ligero los meten en una oficina, pero lo hago por tu bien. Es la única manera de protegerte.
La capital. A George Washington Caucamán estas palabras le sonaron como bofetadas. ¿Qué diablos podría hacer en la capital? Tenía más de quince años combatiendo cuatreros y contrabandistas y su elemento natural eran los cerros. Podía dormir plácidamente sobre un caballo, en un agujero cavado a la nieve, o abrazado a la rama de un roble para protegerse de los pumas. Santiago. La capital. Sonaba terrible todo aquello.
-¿La capital? Jefe, no puede hacerme esto.
-Lo siento, muchacho. No hay otra solución, y afírmate los pantalones porque aún no te he dicho lo peor: Por culpa del retorno de la democracia la dirección está empeñada en arreglar la imagen del cuerpo y ninguna comisaría quiere tipos con antecedentes de gatillo ligero, así que, tras mucho esfuerzo, te conseguí una plaza en la comisaría de investigación de delitos sexuales. ¿Alguna pregunta?
-Sí, jefe. ¿Qué tiempo hace en la capital?
-Frío, muchacho. Agosto es siempre muy frío.
George Washington Caucamán necesitó varias botellas de aguardiente para reponerse de tan brutal sorpresa, y borracho como una cuba terminó abrazado a su caballo, llorando el llanto sin estridencias de los antiguos caciques, mordiéndose los labios hasta hacerlos sangrar, como los toquis, los capitanes mapuches, al entregar los pectorales del mando luego de las derrotas, y así, en un lento pero decidido ritual de despedida, se fue despojando de las botas camperas, de las espuelas de plata, de la montura de suela, de los estribos tallados en madera de palto, de la fusta de tripas de guanaco, del poncho de castilla que lo había protegido de los peores temporales, y de la escopeta Remington de dos cañones recortados, su "choco " salvavidas que sin embargo de haberlo resguardado de los más terribles malandras, no lo había salvado de las iras de un general con un hijo desculado.
Despertó de la borrachera con la úlcera gástrica de todos los detectives a punto de enloquecerlo, y sólo con la ayuda de tres papelillos de bicarbonato consiguió ponerse nuevamente de pie frente a la vida.
Una semana más tarde, el detective George Washington Caucamán, vestido como para un casamiento y sin rastros de boñigas en su indumentaria, trepaba la escalerilla del avión que lo conduciría a Santiago.
-Bueno, allá vamos -se dijo ya en el aire, y cerró los ojos para no ver el paisaje de prados, lagos, cerros, vacas y más vacas, pensando qué ciertos eran esos versos que decían que las penas son de nosotros y las vaquitas ajenas.
Garrapatas
El oficial administrativo de la dirección de Investigaciones, la policía criminal chilena, revisó la documentación del recién llegado y luego lo observó con atención de antropólogo.
-Así que gatillo ligero. ¿Por qué se metió a investigaciones y no al cuerpo de carabineros?
-¿Tengo que responder a esa pregunta?
-Si quiere. No abundan los mapuches entre nosotros. A ustedes les gustan los uniformes y por eso prefieren meterse a carabineros.
-Debo ser la oveja negra que confirma la regla.
-También se dice que ustedes son gentes de pocas palabras.
-Y borrachos y flojos. También fuimos sifilíticos.
Terminado el fraterno intercambio de opiniones, el oficial lo mandó a la dirección de personal. Allí, el encargado le cambió la tosca placa de detective rural por una enmarcada en un libretín de cuero, y le entregó las herramientas del oficio: un par de esposas, un Colt 38 largo y una caja de veinticuatro proyectiles.
-Una vez vi una película de Clint Eastwood. Él era un policía de Tejas que llegaba a Nueva York y se veía muy raro. Más o menos como usted -dijo.
-¿Me encuentra parecido a Clint Eastwood?
-No. Es que él venía de provincia y era un vaquero. Los del servicio rural también son vaqueros, ¿no?
El detective de provincia no respondió y rápidamente leyó el folio con instrucciones que le habían preparado. No eran muchas y sugerían un negligente arréglatelas como puedas.
-Fue muy sonado lo que le hizo al joven Canteras. El pobre chico tendrá que conseguirse un donante de culo para volver a sentarse. Cuide la munición, gatillo ligero -dijo el encargado y le guiñó un ojo, pero George Washington Caucamán prefirió ignorarlo.
-Aquí pone que tengo cuarto en una pensión. ¿Queda cerca de aquí?
-A ver. Barrio San Joaquín. Queda al sur, creo.
-¿A cuántas leguas?
El detective de provincia se marchó, y dejó al encargado discutiendo con otros dos funcionarios respecto de cuántos metros medía una legua.
La ciudad le resultó enorme, fría y agreste. Era difícil respirar y también costaba orientarse, porque el sol brillaba en algún lugar incierto del cielo, más arriba de la capa pringosa de gases que cubría Santiago. Caminó una media hora hacia el sur, hasta que, asustado, tuvo que sentarse en una parada de buses. Algo espeso y sucio se interponía entre el aire y sus pulmones. Al ver los miserables plátanos que sobrevivían en la calle San Diego, sus hojas oscuras, cubiertas por una pátina de la misma tristeza nauseabunda que soltaban los tubos de escape, se dijo que tenía que moverse con cautela, de la misma manera como lo hiciera un par de años atrás cuando, siguiendo el rastro de unos cuatreros al norte de Balmaceda, descubrió huellas en la nieve y éstas lo condujeron hasta un establo natural. Era un estrecho paso entre montes flanqueado por cañas de quila, el bambú andino que recibe las nevadas, soporta el peso y se inclina formando bóvedas invisibles para las avionetas de la policía. Los cuatreros habían pasado por allí, así lo decían las huellas, y debían estar al otro extremo de la bóveda que aparentaba ser muy larga pues no escuchaba el mugir de los animales. Desmontó, y con la Remington amartillada avanzó unos trescientos metros, hasta que, metido en el estiércol hasta las rodillas se sintió extrañamente alegre y achispado. Allí supo que tenía que salir, porque los gases de la materia en descomposición empezaban a narcotizarlo y lo matarían en cuestión de minutos.
-No se juega con los gases -se dijo, y detuvo el primer taxi que pasó.
-Conozco la pensión. Está en la calle Copiapó. En quince minutos estamos allá -dijo Anita Ledesma, y el detective descubrió que estaba en manos de una conductora.
Los débiles rayos de un sol lejano aumentaban los tonos grises de la ciudad. George Washington Caucamán se dijo que no quería ni vivir ni morir en Santiago, y que haría lo posible para largarse cuanto antes. Un frasco azul junto al asiento de la chófer llamó su atención.
-¿Tiene chanchos, señorita?
-¿Yo? Ojalá los tuviera. Abriría una charcutería -respondió Anita Ledesma con toda la gracia de sus cuarenta años bien parapetados tras la barricada de la esperanza.
-Ese frasco es un desparasitador de chanchos.
-Me lo vendieron para el perro. Tiene garrapatas.
-¿Blancas o marrones?
-No lo sé. Nunca se las he mirado. Sólo lo veo rascarse.
-Marrones. Las blancas no producen escozor. Ese producto le matará al perro, es muy fuerte, para chanchos, porque la piel porcina es gruesa y la capa de grasa impide que las toxinas entren en el organismo. Hierva medio kilo de ortigas en un litro de vinagre hasta que rebaje a la mitad y luego frote al perro con esa solución.
-Llegamos, amigo. Y no me debe nada -dijo la taxista.
-¿Es por la receta? Los secretos del campo no se cobran -alegó el detective con un billete en la mano.
También se la agradezco, pero yo le debo una gran alegría: vi su foto en los periódicos, usted le voló el culo al hijo pequeño de un tremendo hijo de puta -exclamó dichosa la taxista entregándole una tarjeta con el número de su celular y la seguridad de que podía contar con ella.
George Washington Caucamán bajó del taxi preguntándose si tal vez el paisaje de la ciudad lo componían las gentes.
En la pensión le mostraron un cuarto de inventario espartano. Aceptó, y luego de asentir sin palabras a las recomendaciones de la patrona en el sentido de no meter personas del sexo opuesto a la habitación, se tendió en la cama y cerró los ojos hasta que el hambre le recordó que no había probado bocado en todo el día.
Salió y se metió a la primera cantina que encontró en el camino. Mientras esperaba a que le sirvieran, pensó con nostalgia en sus compañeros de la Patagonia. Estarían asando un costillar de cordero, luego tomarían mate y se contarían chistes picantes. Trinchaba con desgano un bife delgado como un sello postal cuando dos tipos de cabellos muy cortos se sentaron frente a él.
-Así que tú eres el indio de mierda -dijo uno.
-De mierda no, de Loncoche -corrigió.
-Somos amigos de Manuel Canteras y te vamos a volar los huevos -dijo el otro, tamborileando con los dedos sobre la mesa.
-Puede ser, pero no con esa garra -respondió el detective clavando el tenedor en la mano del tipo.
Con el 38 de reglamento empuñado los vio salir. Uno repetía siniestras amenazas y el otro daba alaridos tratando de quitarse el tenedor que le traspasaba la mano.
Cuando estuvo seguro de que los tipos se habían largado guardó el arma y echó mano a un papelillo de bicarbonato. El alivio efervescente llegó rápido y se llevó los retorcijones intestinales. Al sacar dinero para pagar la cuenta con el tenedor incluido encontró la tarjeta de Anita Ledesma y se alegró de oír su voz.
-¿Anita? Soy el que le dio la receta contra las garrapatas.
-Esperaba su llamada. ¿Se metió en problemas?
-¿Cómo lo sabe?
-Su cara salió en la prensa, amigo, y en Santiago hacen nata los tipos rencorosos. Dígame dónde está y paso a recogerlo en unos minutos.
Acomodado en el taxi de Anita se repitió que no quería ni vivir ni morir en Santiago.
-¿A la pensión? Lo llevo a cualquier parte, amigo.
-Demos una vuelta por la ciudad. Tengo que pensar.
El auto se puso en marcha y la taxista respetó el silencio del detective. Encendió discretamente la radio. Las noticias hablaban del futuro esplendoroso que se abría ante el país con el auge de las exportaciones. Una media hora más tarde pasaban frente a unos jardines iluminados.
-El cerro Santa Lucía. Lindo y vacío -dijo Anita.
-Los mapuches lo llamaban "huelén" y era un lugar sagrado -comentó el detective.
-Hasta que llegó Valdivia, los españoles, y a sus pies levantaron esta ciudad de mierda -agregó Anita.
Casos y Cosas
A las ocho de la mañana, el detective George Washington Caucamán entraba a un remozado edificio de la calle Agustinas. Una placa de acrílico indicaba que en el segundo piso atendía la comisaría de investigación de delitos sexuales. Al abrir la puerta, pensó que se había equivocado de piso y estaba en una escuela de secretariado, porque las seis mujeres que ocupaban los escritorios eran jóvenes, atractivas, y el lugar, con sus coquetas plantas de interior, tenía muy poco de dependencia policial, pero el 38 de cañón recortado que una de ellas cargaba en la cintura le hizo saber que se encontraba entre colegas. Así que cerró la puerta y saludó tímidamente.
-Es un piso más arriba -dijo una de las mujeres.
-¿Qué es un piso más arriba?
-La fotocopiadora. ¿No viene de la Xerox?
El detective de provincia preguntó por la comisaria. Una morena de lentes que se empeñaba en tipear un documento lo llamó a su escritorio. George Washington Caucamán le entregó la orden de incorporación a la comisaría.
-Vaya vaya. Chicas, ¿saben a quién tenemos aquí? Al Charles Bronson de la Patagonia.
Las mujeres policías lo observaron con atención de entomólogas, de hombro a hombro, de pies a cabeza, y no economizaron risitas.
-¡Qué look! La última vez que vi un terno como ése fue en la película El halcón maltés -dijo la que se notaba más joven.
-Intentaré corromperme para vestir trajes de Armani -respondió el detective.
-George Washington Caucamán. Debe ser descendiente de ingleses. Mi abuelo se llamaba Evans y era galés. De pronto hasta somos parientes -comentó otra.
-No lo creo. Pero mi bisabuelo conoció galeses en la Patagonia. Les ayudó a despiojarse. Y ahora, si son tan amables me gustaría saber cuál será mi lugar de trabajo y qué debo hacer.
-Le daremos un escritorio y lo demás será esperar -dijo la comisaria.
Recibió un escritorio en el pasillo, bastante alejado de las mujeres policías. El detective supuso que lo confundirían con el conserje del edificio o con el responsable de objetos perdidos, pero no discutió. El escritorio tenía tres cajones tan vacíos como el servicio que empezaba.
A media mañana luchaba con los bostezos. Había visto entrar y salir a varias mujeres, algunas de ellas con ojos a la funerala, otras pálidas y demacradas, unas muy jóvenes, otras maduras, y en medio de tal tedio la comisaria se acercó hasta su escritorio.
-Hacer de mueble cansa -comentó el detective.
-Mejor para usted y para todos. Mire, no tenemos nada personal en su contra, pero nos han informado que usted es uno de esos polis de gatillo ligero y aquí trabajamos con otros métodos.
-Entiendo. Intentaré enmendarme, dejaré el 38 en el escritorio y cargaré una asistente social en la sobaquera.
-No se pase, detective. Pronto le traerán materiales de escritorio y un teléfono con grabadora. Conforme al reglamento se deben registrar todas las denuncias.
-O sea que me incorpora al trabajo. Gracias.
No puedo evitarlo, sin embargo, no se hará cargo de ningún caso. Le repito que no tenemos nada en su contra y sí mucho contra el imbécil que lo destinó a nuestra comisaría. Usted sabe que ninguna mujer agredida confiaría en un hombre, y menos aún en un mapuche. Perdone, pero la realidad es así. Nos puede echar una mano en muchas cosas, pero en ningún caso.
-Los indios somos optimistas, comisaria. Le aseguro que pronto aparecerá un camionero violado por una banda de hermanas de la caridad y ése será mi caso.
Al mediodía, con el teléfono ya conectado, las mujeres policías decidieron que él se quedaba de guardia durante el turno de comer, y lo dejaron solo. No protestó, y en cuanto las escuchó bajar la escalera, marcó el número de Anita Ledesma.
-¿Cómo va todo? -consultó la taxista.
-Maravillosamente. Tengo un teléfono lleno de botones rojos.
-Si se mete en líos no dude en llamarme.
-Anoche cené solo y no me gustó.
-Acepto. Llámeme a eso de las nueve.
Apenas había colgado y el teléfono sonó por primera vez en su escritorio.
-Anoche te escapaste jabonado, pero no te preocupes, vas a pagar lo que le hiciste a Manolito -amenazó una voz ronca, como de fumador empedernido.
-Si tus amigos van por la cantina que devuelvan el tenedor -alcanzó a decir el detective antes de que colgaran.
Que a uno lo persigan por volarle la cabeza a un prójimo, vaya y pase -meditó el detective-, pero hacer tanto escándalo por un culo no es serio.
No pudo seguir divagando, porque en ese preciso instante vio a la mujer que indecisa caminaba a su encuentro.
-¿No están las señoritas?
Era una mujer corpulenta, de unos sesenta años, con un vigoroso moño anudado a la nuca y no venía sola. De su brazo derecho colgaba un bolso de piel imitación cocodrilo, y del izquierdo un cónyuge que a todas luces se movía contra su voluntad.
-No, pero yo soy uno de ellas -respondió el detective.
-Querida. Los trapos sucios se lavan en casa- dijo el cónyuge.
-Siéntese, Hipólito. Y hable nada más cuando se lo permita el detective -ordenó la mujer.
Hipólito empezó a morderse las uñas mientras la mujer abría la cartera y buscaba algo, hasta que finalmente dio con una hoja de papel.
-Mire esto.
Era una factura de teléfono y bastante abultada. Había por lo menos dos meses de sueldo de un detective en esa cuenta. Hipólito comenzó a sollozar.
-Es bastante dinero -opinó el detective.
-Más que eso. Fíjese en el detalle de las llamadas.
El detective volvió a revisar la cuenta. Estaban detalladas las llamadas de un mes. La mayoría eran breves, un par de minutos, pero había tres que se llevaban la mejor tajada de la torta.
-¿Comprende lo que ha hecho este marrano? -dijo la mujer amenazando con meterle un capirotazo a Hipólito.
El detective alzó los hombros.
-Lo han engatuzado, esquilmado, estafado. Este miserable, buscando en otro lugar lo que tiene gratis en casa, frecuenta mujerzuelas por teléfono.
-¿Usted hace eso, Hipólito? -dijo sencillamente por decir algo, porque el regreso de las mujeres policías le inhibió la carcajada.
-Y bien. ¿Qué espera para ir a detener a esas putas?-preguntó desafiante la mujer.
-Señora, ésta es una reclamación para el comité de defensa del consumidor, siempre y cuando su esposo declare que lo han estafado, que los servicios recibidos no se correspondieron con la oferta. Además, no hay ninguna ley que impida a Hipólito cascársela como le dé la gana.
La mujer salió como una tromba, maldiciendo a los indios de toda América, con el cónyuge colgado de su brazo izquierdo, y el detective se echó a la boca un papelillo de bicarbonato.
-¿Qué es eso? ¿Coca? -preguntó la comisaria.
-Coca de los pobres. ¿Quiere probar? -respondió el detective con la boca llena de espuma.
-No muerda. Y ya que le cayó la primera cosa revise estas otras, quién sabe si se convierten en un caso -dijo entregándole varias carpetas.
Todas estaban tituladas "Hot Line". George Washington Caucamán mató el día revisando facturas telefónicas de muchos onanistas con problemas de pago.
El Precio del Placer
Así como las loterías y las tragaperras fomentaron la ludopatía con licencia estatal para solaz de los bancos y de los usureros, las líneas calientes reivindicaban una práctica sexual antigua como la humanidad, rescatándola de la condena eclesiástica y de un aparente monopolio juvenil. El gran problema era que la paja fue siempre gratis, y ahora, en cambio, el sexo telefónico la convertía en un placer de lujo.
-Las confusiones del sexo, Anita -comentó el detective George Washington Caucamán a su compañera, mientras ésta le revisaba los maltratados pies.
Anita Ledesma vivía en una pequeña casa del barrio San Isidro y todo su mobiliario era muy funcional y práctico, como ella misma.
-Mire, amigo -le dijo en el café en que se habían citado-, yo creo en los astros, y ellos dicen que usted y yo terminaremos en la cama, de tal manera que evitemos la inútil ceremonia de la conquista y empecemos a conocernos de la mejor manera. En casa tengo suficientes espaguetis y varias botellas de vino.
-Supongo que llegó la hora de tutearnos -respondió Caucamán.
Entre los dos sumaban ochenta años, y tal cúmulo de tiempo predispone al amor sincero, libre de aspavientos, proezas o disculpas, y, como no hay nada que perder, el resultado final es una enorme ganancia.
-¿De verdad crees que el sexo se presta a confusiones? -preguntó Anita pasándole una escofina por los callos.
-A veces. Recuerdo una historia que me contaron unos arrieros en la Patagonia. Hace dos años, un frente de mal tiempo interrumpió las maniobras que un regimiento de infantería realizaba en la frontera con Argentina. Treinta días y treinta noches lloviendo sin parar habían soportado los milicos, cuando un teniente se acercó al grupo de arrieros para preguntarles cómo aliviaban ellos los tormentos de la entrepierna. Le respondieron que de la manera más conocida, y que si se sentía muy apremiado podían llevarle una burra junto al río. El teniente se negó, y con gesto asqueado los acusó de pervertidos. Pasó otro mes. A la lluvia se agregó la nieve, y el teniente volvió a ver a los arrieros. Con toda la vergüenza del caso pidió que le llevaran la burra junto al río. Los arrieros, sin entender la causa de semejante pudor le dijeron que conforme, que al día siguiente le esperaría la burra junto al río que crecía y crecía. Ahí estuvo también muy puntual el teniente, y, luego de ordenar a los arrieros que se volvieran, se bajó los pantalones y empezó a fornicar con el animal. Entonces uno de los arrieros giró la cabeza y le dijo: mi teniente, la burra es para cruzar el río. Las putas están al otro lado.
George Washington Caucamán despertó alegre esa mañana. Anita le había dejado un termo de café y tostadas junto a la cama. Se levantó de un salto y sintió que sus pies libres de durezas podían llevarlo a cualquier parte.
-Cosa o caso, ésos tienen un problema que también le compete -dijo la comisaria, indicándole a una pareja que esperaba frente a su escritorio.
-¿Usted es el experto en líneas calientes? -preguntó el hombre.
-He seguido pistas calientes durante quince años -respondió el detective, recordando los vuelcos de corazón que tantas veces sintió al palpar unas boñigas blandas y humeantes en un sendero de monte.
Les ofreció asiento. La mujer no era muy alta, tendría unos cuarenta y cinco años y, pese a la preocupación que marcaba su semblante, mostraba la seguridad de saberse atractiva, en lo mejor de la vida y con deseos de prolongarla. Se sentó con movimientos delicados, y el hombre, un flaco de similar edad que no dejaba de sobarse las manos, prefirió permanecer de pie.
-¿El señor se pasó con la cuenta telefónica? -dijo el detective para romper el hielo.
-No. Al contrario. Por primera vez en la vida, estamos libres de números rojos -precisó el hombre.
-Me gustaría tener esa clase de problemas.
-No es eso. Se trata de una historia confusa y será mejor que sea yo quien la explique -dijo la mujer buscando sus cigarrillos.
George Washington Caucamán le acercó el cenicero y cogió la libreta de apuntes.
-Me llamo María Lombardi y mi compañero se llama Sergio Téllez. No estamos casados pero vivimos juntos desde hace veintitrés años. Entre el setenta y cinco y el ochenta y nueve vivimos en el extranjero, en el exilio. Éramos actores y luego del golpe militar, perdón, gobierno autoritario se dice ahora, nos quedamos sin trabajo porque estábamos en la lista negra. No tuvimos más remedio que marcharnos y así lo hicimos, primero a Colombia y luego a Francia. El ochenta y nueve regresamos con todos nuestros ahorros para volver a trabajar en teatro, pero el país había cambiado, cada viejo compañero defendía su pequeña parcela hasta con las uñas, y el exilio nos marcaba con el estigma de los apestados. Buscando trabajo nos comimos los ahorros, y ya estábamos a punto de largarnos nuevamente cuando descubrimos que, el miedo al sida, por una parte, y la modernidad del país, por otra, habían incorporado a los chilenos al sexo telefónico. Así que para sobrevivir abrimos una línea caliente.
George Washington Caucamán anotaba, e íntimamente se preguntaba cómo diablos funcionaban las líneas calientes. Siempre había usado el teléfono para los fines que Graham Bell previó al inventarlo. Tal vez esos dos tenían algo que ver con el drama de Hipólito.
-Y todo marchó de maravillas, hasta hace un par de días -agregó el hombre.
-¿Clientes que se niegan a pagar las facturas porque las consideran excesivas?
-No. Nunca hemos tenido quejas al respecto. Nos hicimos de clientes fieles y siempre quedaron conformes con el servicio -indicó la mujer.
Línea caliente. Hot Line. George Washington Caucamán les pidió que le detallaran el funcionamiento del negocio, y la mujer asumió la parte pedagógica.
Es como un prostíbulo virtual. Sin espejos, sin salones rojos, sin casa. Al atender un servicio no vendemos nuestros cuerpos, ofrecemos imaginación y estimulamos la fantasía erótica del cliente. Por ejemplo: un señor llama y quiere saber cómo estoy vestida. Le pregunto cómo quiere verme, y si me dice que en minifalda, le digo que llevo una mini tan corta que apenas me cubre el culo y que además no uso bragas. Pero en realidad no me he quitado el chándal, la mejor prenda de estar en casa. Para algunos soy rubia, para otros, morena, pelirroja, calva, mido dos metros o soy enana, flaca o gorda, plana o tetona, setentona o muchachita virgen.
-¿Y el señor? ¿Atiende llamadas de señoras?
-Al principio lo intentamos, pero la liberación femenina es enemiga del negocio -filosofó el hombre-, se puede decir que soy el técnico de sonido. Hay tipos que la quieren en la ducha o en el jacuzzi, entonces yo dejo caer agua de una regadera en un lavatorio mientras ella describe cómo se masajea con la esponja. Hay otros que la quieren en un establo con caballos, burros, vacas. Yo relincho, rebuzno, simulo galopes con los dedos sobre la mesa.
-Todo esto es muy instructivo, pero quiero saber por qué diablos están aquí. Ésta es la comisaría de investigación de delitos sexuales -precisó el detective.
-Hace más o menos una semana empezamos a recibir la llamada de un tipo extraño. No paga por escuchar, sino para que nosotros le escuchemos.
-En materia de gustos no hay nada escrito. Y mientras les pague, no veo de qué se quejan.
-Es que nos persigue. Hemos cambiado dos veces de número, pero es inútil. Y es horrible lo que hemos oído -dijo la mujer, enjugando dos lágrimas que desconcertaron al detective.
Desde alguna parte de la ciudad le llegó el inconfundible hedor del estiércol, y se dijo que estaba frente a un caso.
Voces del Tiempo
El detective George Washington Caucamán tipeó el escueto parte que detallaba la visita de la pareja de actores reconvertidos al sexo telefónico, y finalizó indicando que acudiría esa tarde al estudio -quiso poner prostíbulo virtual- para ser testigo de las llamadas que calificó de obscenas e inquietantes. Antes de pararse del escritorio, miró el objeto que le dejara la pareja, y como no sabía si llamarlo cinta o casete, decidió que lo escucharía antes de inventariarlo como posible prueba.
La comisaria leyó, comentó que lo verdaderamente inquietante sería que a esos cerdos les rezaran el rosario por teléfono, y le preguntó si sabía conducir, porque tenía derecho a usar una de las patrulleras.
-Los detectives rurales sabemos conducir autos, camiones, caballos, botes con motor fuera de borda y pilotear avionetas. Pero yo prefiero caminar, si no le importa.
Anita lo recogió al mediodía. Portaba una cesta con sandwichs, un termo de café y unas naranjas. Llovía sobre la ciudad y el olor a humedad tornaba casi respirable el aire.
-Vamos a un lugar cerca del cielo -dijo Anita y puso el auto en marcha.
En la cumbre del cerro San Cristóbal se sintieron alegremente solos. A unos cientos de metros más abajo los faldeos del cerro desaparecían, se hundían en la nube de gases que lo cubría todo. Sabían que por ahí, abajo, estaba el parque zoológico, la enoteca, los jardines del barrio Bellavista, la ciudad triste y gris de agosto.
-Me gusta este lugar -dijo el detective.
-A mí también. Vengo cada vez que puedo. Imagino que de pronto soplará un fuerte viento desde el Pacífico, se llevará la nube de smog, y al bajar encontraré la ciudad que perdí en el setenta y tres -confidenció Anita pelando una naranja.
-Vaya. También eres del bando perdedor.
-Y perdí mucho. Un compañero, por ejemplo. Se llamaba Moisés Panquilef, mapuche, como tú. ¿Qué quieres decir con eso de que también soy del bando perdedor?
-Hoy conocí a una pareja de actores, exiliados que retornaron a una ciudad que los desconoció. Siento lo de tu compañero.
-Y yo. Nos conocimos en la facultad de pedagogía, luego vivimos juntos cinco años, hasta que un día de noviembre del setenta y tres lo sacaron de la escuela donde enseñaba y desapareció. Y tú, George Washington Caucamán, ¿quién eres tú?
-Soy el hijo de un panadero mapuche que leía el Selecciones. De ahí mi nombre. Y tengo un hermano que se llama Benjamín Franklin Caucamán. Un día el viejo decidió que los mapuches sólo sobreviviríamos si nos colocábamos del lado de la ley. Así que me hice detective, y mi hermano es carabinero.
Llovía, y se estaba bien en el auto, aislados del mundo, protegidos por la cortina de agua que se deslizaba por el parabrisas. Anita metió una cinta de Los Panchos en la casetera y sirvió dos jarras de café.
Me gustaría escuchar algo -dijo el detective sacando de un bolsillo la cinta que le dieran los actores.
El tiempo tiene mil voces y muchas de ellas son crueles. Esta voz del tiempo se presentaba masculina, ronca, segura, se dirigía a los homosexuales, a las putas, a los curas rojos, asegurando que muy pronto pagarían por la inmoralidad y las traiciones a la patria. Continuaba con un fragmento del Venceremos, seguía con un par de frases del último discurso de Allende, y luego los llantos, los gritos desesperados, los ruegos, los aullidos, las respiraciones entrecortadas y semi animales de los que eran arrancados del desmayo para retornar a las garras del dolor.
Anita arrancó la cinta de la casetera.
-¡Espera! No la rompas -dijo el detective.
-¿Qué degenerado ha hecho esto? -Se preguntó a sí misma, con la mueca del llanto deformándole el rostro.
George Washington Caucamán buscó un papelillo de bicarbonato y se lo echó a la boca. Mientras el milagro efervescente hacía efecto, recordó ciertas palabras del comisario rural, dichas unos dos años luego del golpe militar. Con ellas le aseguraba que se irían al peor de los servicios, pero que tendrían las manos limpias y así, cuando el terror militar se disipase, ellos podrían exhibir ante el país la dignidad simple de las manos limpias.
-Me la dieron los dos actores de quienes te hablé.
-¿Sabes qué son esos gritos?
-Lo supongo. Puede ser un montaje.
-¡No! Son gritos de gentes que están siendo torturadas. Yo conozco esos gritos porque pasé por el infierno. Estuve dos meses en Villa Grimaldi -gritó Anita sin preocuparse por las lágrimas, y el auto se tornó estrecho, pues todos los fantasmas del miedo se refugiaron en él.
-Eso ya pasó, Anita -dijo abrazándola, y de inmediato se avergonzó de sus palabras. Sólo le faltaba decir "ahora estamos en democracia y debemos perdonar a los que nos hicieron daño".
-¿Qué harás con la cinta? -preguntó Anita secándose las lágrimas.
-Es una prueba legal. Pertenece al sumario, si lo hay.
-No lo habrá. Los milicos son intocables.
Había dejado de llover. Un ave de rapiña cruzó la pequeña porción de cielo enmarcada por el parabrisas. Volaba alto, tanto, que George Washington Caucamán no logró identificarla. Podía ser un águila, o un chimango, o un halcón de los Andes. Fuera lo que fuera, le dijo al detective que tal vez llegaba la hora de salir del cómodo cascarón de la inocencia, del yo no me ensucié las manos, y por sobre todo le dijo que era el momento de entender de una vez y para siempre que cuando la mierda salpica los ensucia a todos.
-¿Dónde podemos hacer una buena copia de la cinta? -preguntó el detective.
La casa de Radio Tierra estaba a los pies del cerro San Cristóbal. Era una emisora de mujeres, hecha y mantenida por mujeres, y se encargaba de recordarles a las mujeres que también pertenecían al género humano. Anita saludaba y recibía muestras de cariño. Una operadora de sonido recibió la cinta y a los pocos minutos se la devolvió con una copia.
-Es más nítida que el original. Quité los ruidos parásitos del grabador -dijo al entregarla.
Anita retornó a su oficio de cazar pasajeros por las calles ya oscuras de la ciudad, y el detective marchó hasta el estudio o prostíbulo virtual de los actores.
Le ofrecieron asiento en una sala de estar como la de cualquier piso. Un sofá, dos sillones, muchos cojines, una reproducción del Guernica, un estante con libros y chucherías, y en la mesa de centro el teléfono conectado a una grabadora con amplificador. Vio también otros objetos entre los que reconoció dedales, campanillas, una regadera y un lavatorio con agua.
-¿Para qué son esas planchas metálicas? -Consultó.
-Con ellas hago ruido de truenos. Hay tipos que la quieren desnuda y corriendo bajo una tormenta -informó el hombre.
La mujer vestía un chándal azul y llevaba el cabello recogido en una cola que caía sobre su espalda. No se veía precisamente erótica. Le indicó que se sentara en uno de los sillones cuando sonó el teléfono.
-¿Aló? Ernesto, ¿tú de nuevo? Vicioso. Ayer me dejaste casi muerta Ernesto. ¿Quieres que lo hagamos de nuevo? Eres mi macho, mi hombre, sí, te siento, la tienes enorme, me das miedo, me vas a dejar deforme, espera, que me quito las bragas, ahora sí, Ernesto...
El tal Ernesto estuvo unos tres minutos al teléfono. Con un bolígrafo atravesado en la boca, la mujer le pedía que la dejara respirar, que su polla la ahogaba, y lo conminaba a no correrse todavía, hasta que un sonido gutural dio a entender que a Ernesto se le habían terminado las monedas.
-Tres minutos. Sirve para cigarrillos -comentó el hombre.
-¿Escuchó la cinta? -consultó la mujer.
-Creo que todos sabemos de qué se trata -respondió el detective, pero no pudo seguir porque el teléfono sonó de nuevo.
-Las nueve. Siempre llama a las nueve -dijo el hombre.
-¿Qué tal, mariconazo? Y tú, putilla comunista. ¿Esperaban mi llamada? -dijo la voz masculina, recia, ronca, decidida-, me gustan las sorpresas, pero unos pinganillas como ustedes no pueden sorprenderme. Sé que me denunciaron y tienen ahí a un indio de mierda. ¿Estás ahí, indio? Me alegra, porque en pocos días serás tú el que participe en mi programa -amenazó la voz, y desató las bestias del horror.
La Hora de los Basureros
La reacción de la pareja de actores fue histérica. Sin cesar de repetir que nada había cambiado en ese país de mierda, que todo, la casa, la policía, el aire mismo estaba controlado por los militares, mal llenaron un par de maletas y se fueron sin tomarse la molestia de cerrar la puerta.
El detective George Washington Caucamán se quedó solo, abriendo lentamente un papelillo de bicarbonato, y pensando que el dueño de la voz acababa de cometer un importante error. Pero luego de la recompensa efervescente se dijo que tal vez ese hombre tenía la sartén tan bien cogida por el mango, que se daba el lujo de atarle los dos extremos de la madeja, y en ambos estaban los milicos. Los responsables del centro de tortura, y los amenazantes vengadores del culo de Manuel Canteras.
Desde un teléfono público llamó a Anita Ledesma.
-Deja lo que estés haciendo y vete a la radio. Creo que es el único lugar seguro -dijo el detective.
-Ya estoy aquí -respondió Anita con tono apesadumbrado.
-¿Tuviste visitas en casa?
-Degollaron al perro y le metieron unas ramas en el cuerpo.
-De hojas muy lisas y alargadas. No te muevas de ahí.
Ramas de canelo, el árbol sagrado de los mapuches. El mensaje era muy claro; no había poder que pudiera protegerlo.
Desde la cabina telefónica vio el auto detenido a una docena de metros. Podía caminar simulando que no los había descubierto y tras doblar la primera esquina largarse a correr hasta despistarlos, pero sería inútil. Con seguridad habría otro vehículo en las cercanías y estarían comunicados entre ellos.
El detective George Washington Caucamán recordó con cariño a los bandoleros de la Patagonia. Cuando el silencio les entregaba la certeza de que los estaban rodeando, disparaban sus armas hacia los cuatro puntos cardinales. Nunca faltaba el policía nervioso o novato que les respondía, y así descubrían una línea de fuga.
Salió de la cabina y echó a andar hacia el vehículo. El frío de la noche permitía ver nítidamente el chorro azul saliendo del tubo de escape. A seis pasos de distancia comprobó que el conductor tenía un acompañante. A cuatro pasos vio que en el asiento trasero había un solo hombre, bastante voluminoso. A dos pasos descubrió que el acompañante del chófer era el mismo tipo que le había arrebatado el tenedor hacía dos noches. Casi rozando un guardabarros delantero, escuchó los elevalunas automáticos bajando los vidrios. Entonces echó mano al 38 y disparó dos veces a través de una ventana delantera. El flaco del tenedor nunca más le arruinaría cenas a nadie, porque la bala le había entrado por una oreja llevándole un cuarto de nuca a la salida. El conductor tampoco volvería a sentarse al volante ni pensaba en eso. Toda su atención estaba centrada en taparse el agujero de la garganta por el que la vida se le escapaba a chorros. Y el de atrás era un gordo que, aferrado a una inútil Kalashnikov sin culata, pestañeaba para quitarse los restos de sangre y masa encefálica que le bañaban la cara. El 38 del detective metido en la boca le hizo soltar el fusil y salir del auto.
-¿Conduces, sí o no? -preguntó el detective empujando el revólver.
Dos tiros en una calle vacía que seguía vacía. Dos cuerpos sobre el asfalto recibiendo el adiós de las ventanas que se cerraban, de las luces que se apagaban impulsadas por las manos del miedo.
-No me mates -murmuró el gordo limpiando la sangre del volante con la corbata.
-Como bajes de ochenta por hora, ya sabes.
El auto avanzó por calles desiertas, silenciosas. Sólo el "víbora dos, responda, ¿qué pasa, víbora dos?, responda" saliendo intermitentemente del equipo de radio rompía la monotonía del viaje.
-¿Hacia dónde vamos? -preguntó el detective.
-Hacia el este, a la cordillera -respondió el gordo.
-Diles que me siguen rumbo a la Estación Central.
Con un cuarto de cañón metido en una oreja, el gordo respondió a víbora uno. Al llegar a un parque de árboles altos y gruesos, el detective ordenó detener el auto.
-Quítate el saco.
-No me mates. Por Dios, no me mates.
-Limpia la sangre del parabrisas, imbécil. ¿O quieres que tengamos un accidente? ¿Llevas un teléfono? ¿Qué es esa luz blanca allá arriba?
-Atrás hay un celular. Ésa es la Virgen del cerro San Cristóbal. No me mates.
-¿Qué esperas? Al cerro.
Más calles y avenidas desiertas. Tan sólo unos perros vagabundos se atrevían a romper la normalidad del miedo. Llegaron hasta los faldeos del cerro.
-¿Hay vigilantes a la entrada?
-A esta hora, no.
Empezaron a subir la estrecha carretera flanqueada por árboles tan antiguos como la ciudad. Una triste llovizna hacía difícil el avance, las ruedas se aferraban mal al terreno, pero el 38 en la oreja del gordo hizo de él un piloto de fórmula uno.
Ya en la cumbre, ordenó bajar al gordo y lo esposó abrazado a un árbol. Luego de comprobar la batería del celular llamó a Anita.
-Escúchame sin hacer preguntas. Repetí nuestro paseo y aquí me quedaré. Necesito mucha gente a las siete de la mañana, que todos traigan radios portátiles sintonizadas en vuestra estación, y que los técnicos estén preparados para grabar una conversación y la difundan a las siete y cinco.
-Comprendo. Te quiero, indio.
-Adiós. Yo también te quiero, huinca.
El detective George Washington Caucamán renovó la carga de su 38, revisó los bolsillos del gordo, encontró cigarrillos y una petaca con whisky.
-La noche será larga, gordo. Trata de dormir.
Y así fue. Una noche larga, fría y lluviosa. George Washington Caucamán encendió todas las velas que encontró a los pies de la Virgen, que muy arriba abría los brazos para bendecir una ciudad maldita.
A las seis de la mañana, el gordo dormía de rodillas, abrazado al árbol. Lo despertó de una patada y se dirigió hasta el auto. Cogió el micrófono y dijo:
-Aquí víbora dos. Víbora uno, responda.
-¿Indio? No tienes escapatoria. Te arrepentirás hasta de haber nacido -ladró víbora uno.
-Que se ponga el general Canteras, o tendrán un tercer muerto -ordenó apuntando al gordo con el 38.
¿Cómo te atreves?, indio de mierda -ladró entonces la misma voz ronca, recia y masculina de la primera llamada intimidatoria, la misma voz del presentador de las cintas del horror.
-Lo sé todo, general. No fue difícil reconocer su voz de cabrón y hay dos cintas en poder de la prensa. Negociemos. Lo espero en una hora bajo la Virgen del San Cristóbal. Ni un minuto más.
-Estás loco, indio. El general te matará apenas te vea -dijo el gordo.
Los minutos que separan la vida de la muerte se suceden veloces. A las siete menos cinco vio avanzar el Mercedes Benz del general. Una tímida luminosidad diurna se insinuaba sobre las copas de los árboles. El general Manuel Canteras bajó del auto. Vestía un abrigo marrón y sombrero del mismo color. Los gritos del gordo esposado al árbol no detuvieron su andar decidido.
-Ahora, Anita, empiecen a grabar -dijo el detective metiendo el celular en el bolsillo superior del saco.
-Ya eres mío, indio -saludó el general.
-Sé perder. Los indios siempre hemos perdido. ¿Me llevará con los demás torturados para incluirme en su programa?
-Así es. Ellos son mi botín de guerra. Aníbal, César, Hitler, Franco, todos los grandes soldados incluyeron prisioneros en su botín. Franco los empleó para construir el Valle de los Caídos. Yo los uso para mantener el respeto al poder.
El general Canteras interrumpió su discurso para volver la cabeza. Desde el bosque circundante avanzaban mujeres, docenas de mujeres con las cabezas cubiertas por pañuelos blancos y los retratos de sus parientes desaparecidos.
-¿Qué pasa? -ladró a sus guardaespaldas.
A una señal de George Washington Caucamán, las mujeres encendieron las radios, y el general escuchó su confesión multiplicada.
-Maldito indio. Pude matarte en cualquier momento.
Varios carabineros somnolientos y confusos se acercaban trotando. El detective mostró su placa a la luz de la mañana y gritó a todo pulmón:
-¡Policía! ¡Está detenido, general!
Amanecía sobre Santiago, y, como siempre a esa hora, la basura era retirada para sugerir un poco de decencia.
Fin.
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There'll always be an England
Music: Ross Parker & Harry Par-Davies
Lyrics: Hugh Charles
English
I give you a toast, ladies and gentlemen.
I give you a toast, ladies and gentlemen.
May this fair dear land we love so well
In dignity and freedom dwell.
Though worlds may change and go awry
While there is still one voice to cry...
There'll always be an England
While there's a country lane,
Wherever there's a cottage small
Beside a field of grain.
There'll always be an England
While there's a busy street,
Wherever there's a turning wheel,
A million marching feet.
Red, white and blue; what does it mean to you?
Surely you're proud, shout it aloud,
"Britons, awake!"
The empire too, we can depend on you.
Freedom remains. These are the chains
Nothing can break.
There'll always be an England,
And England shall be free
If England means as much to you
As England means to me.
Español
Les ofrezco un brindis, damas y caballeros,
Les ofrezco un brindis, damas y caballeros,
Qué esta linda tierra que amamos tanto
Se mantenga libre y digna.
Aunque los mundos cambien y vayan a la deriva
Mientras haya una voz que grite ---
Siempre habrá una Inglaterra
Mientras haya un camino rural
Donde haya una cabañita
Junto a un campo de grano.
Siempre habrá una Inglaterra
Mientras haya una calle llena,
Donde haya una rueda rodando.
Un millón de pies marchantes.
Rojo, blanco y azul; ¿qué significan para ti?
Seguramente estás orgulloso, grítalo en voz alta,
"¡Bretones, despierten!"
El imperio también, podemos depender de ti.
La libertad se mantiene. Esas son las cadenas
Que nada puede romper.
Siempre habrá una Inglaterra,
e Inglaterra será libre
Si Inglaterra significa tanto para ti
Como Inglaterra significa para mi.
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Guanaco
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The flower of Coleridge
English
What if you slept?
And what if, in you sleep, you dreamed?
And what if, in your dream, you went to Heaven
and there plucked a rare and beautiful flower?
And what if, when you awoke, you had the flower in your hand?
Ah, what then?
--- Samuel Taylor Coleridge
Español
¿Qué si durmieras?
¿Y qué si, dormido, soñaras?
¿Y qué si, en tu sueño, fueras al Cielo
y ahi recogieras una rara y bella flor?
¿Y qué si, cuando despertaras, tuvieras la flor en tu mano?
Ah, ¿entonces qué?
--- Samuel Taylor Coleridge
Otra versión
¿Qué tal si durmieras?
¿Y qué tal, si dormido, soñaras?
¿Y qué tal, si en tu sueño, fueras al Cielo
y ahi recogieras una rara y bella flor?
¿Y qué tal, si cuando despertaras, tuvieras la flor en tu mano?
Ah, ¿entonces qué?
--- Samuel Taylor Coleridge
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This royal throne of kings
English
This royal throne of kings, this sceptred isle,
This earth of majesty, this seat of Mars,
This other Eden, demi-paradise,
This fortress built by Nature for herself
Against infection and the hand of war,
This happy breed of men, this little world,
This precious stone set in the silver sea,
Which serves it in the office of a wall
Or as a moat defensive to a house,
Against the envy of less happier lands,-
This blessed plot, this earth, this realm, this England.
William Shakespeare
Richard II (Act 2, Scene 1)
Español
Este trono real the reyes, ésta isla cetrada,
ésta tierra de majestad, éste asiento de Marte,
éste otro Edén, semi-paraíso,
ésta fortaleza construida por Natura para ella
contra la enfermedad y la mano de la guerra,
ésta feliz raza de hombres, éste pequeño mundo,
ésta piedra preciosa colocada en un mar de plata,
que le sirve en oficio de muro
o como foso defensivo a una casa,
contra la envidia de tierras menos felices, -
éste terruño bendito, ésta tierra, éste reino, ésta Inglaterra.
William Shakespeare
Richard II (Acto 2, Escena 1)
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The English seen by an Italian
English
The English are great lovers of themselves, and of everything belonging to them; they think that there are no other men than themselves, and no other world but England; and whenever they see a handsome foreigner, they say that 'he looks like an Englishman', and that 'it is a great pity that he should not be an Englishmen'.
Venetian ambassador to England
Early 16th century
Charlotte Augusta Sneyd
Italian Relations of England (p. 20)
Español
Los ingleses son grandes admiradores de ellos mismos y de todo lo concerniente a ellos; piensan que no hay otros hombres mas que ellos y no hay otro mundo excepto Inglaterra; y cuando ven a un extranjero bien parecido, dicen que 'parece un inglés', y que 'es una gran lástima que no sea inglés'.
Embajadora veneciana a Inglaterra
Principios del siglo 16th
Charlotte Augusta Sneyd
Italian Relations of England (p. 20)
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Monday, May 26, 2008
Astucia
Luis G. Inclán
1865
Cascabel, nuevo jefe del Resguardo, amenaza a Astucia:
"Señor Astucia, sólo por fanfarrón y malcriado, tengo empeño en escarmentarlo y no he de dejar de perseguirlo, hasta que lo vea colgado en el palo de la Loba, donde estuvo el capitán Cuitlacoche."
Responde Astucia, jefe de la Hermandad de la Hoja:
"[...] Si en el palo de la Loba colgaron los gachupines al capitán Cuitlacoche porque fue un valiente que defendía la independencia de su patria, allí mismo le mandaré dar una ortigada en las nalgas, para que se le quite lo clueco de haber pertenecido sus mayores al imperio de Iturbide"
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Lizzie Borden
Lizzie Borden took an axe
And gave her mother forty whacks.
And when she saw what she had done
She gave her father forty-one.
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Sunday, May 25, 2008
Un boliviano con salida al mar
Mario Benedetti
Despistes y Franquezas (1995)
Nunca he podido confirmarlo, pero dicen que en plena guerra de las Malvinas le preguntaron a Borges qué solución se le ocurría para el conflicto, y él, con su sorna metafísica de siempre, respondió: "Creo que Argentina y Gran Bretaña tendrían que ponerse de acuerdo y adjudicar las Malvinas a Bolivia, para que este país logre por fin su salida al mar."
En realidad, la ironía de Borges (siempre que la cita sea verdadera) se basaba en una obsesión que está presente en todo boliviano, ese alguien que siempre parece estar acechando el horizonte en busca del esquivo mar que le fue negado. Tiene el Titicaca, por supuesto, pero el enorme lago sólo le sirve para que crezca su frustración, ya que en vez de conducirlo a otros mundos, sólo lo conduce a sí mismo.
De todas maneras, cuando algún boliviano llega al mar, aunque éste sea lejano, siempre se trata de un blanco, nunca de un indio. Hubo un indio, sin embargo, nacido junto a las minas de Oruro, que por un extraño azar pudo alcanzar el mar prohibido.
Debió ser un niño simpático y bien dispuesto, ya que una dama paceña, que estaba de paso en Oruro y pertenecía a una familia acaudalada, lo vio casualmente y se lo trajo a la capital, allá por los años cincuenta. Rebautizado como Gualberto Aniceto Morales, aprendió a leer y aprendió a servir. Y tan bien lo hizo, que cuando sus patrones viajaron a Europa, lo llevaron consigo, no precisamente para ampliar su horizonte sino para que los auxiliara en menesteres domésticos.
Así fue que el muchacho (que para ese entonces ya había cumplido quince años) pudo ir coleccionando en su memoria imágenes de mar: desde la tibieza verde del Mediterráneo hasta los golfos helados del Báltico. Cuando al cabo de un año sus protectores regresaron, Gualberto Aniceto pidió que lo dejaran viajar a su pueblo para ver a su familia.
Allí, en su pobreza de origen, en la humilde y despojada querencia, ante la mirada atónita y el silencio compacto de los suyos, el viajero fue informando larga y pormenorizadamente sobre farallones, olas, delfines, astilleros, mareas, peces voladores, buques cisternas, muelles de pescadores, faros que parpadean, tiburones, gaviotas, enormes transatlánticos.
No obstante, llegó una noche en que se quedó sin recuerdos y calló. Pero los suyos no suspendieron su expectativa y siguieron mirándolo, esperando, arracimados sobre el piso de tierra y con las mejillas hinchadas por la coca. Desde el fondo del recinto, llegó la voz del abuelo, todavía inexorable, a pesar de sus pulmones carcomidos: ¿Y qué más?
Gualberto Aniceto sintió que no podía defraudarlos. Sabía por experiencia que la nostalgia del mar no tiene fin. Y fue entonces, sólo entonces, que empezó a hablar de las sirenas.
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For Want of a Nail
The proverb describes a situation where permitting some small undesirable situation will allow gradual and inexorable worsening.
For want of a nail the shoe was lost.
For want of a shoe the horse was lost.
For want of a horse the rider was lost.
For want of a rider the battle was lost.
For want of a battle the kingdom was lost.
And all for the want of a horseshoe nail.
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The negative confession
Book of the dead
http://www.aldokkan.com/religion/dead9.htm
I haven't committed sin.
I haven't committed robbery with violence.
I haven't stolen.
I haven't slain men and women.
I haven't stolen grain.
I haven't purloined offerings.
I haven't stolen the property of god.
I haven't uttered lies.
I haven't carried away food.
I haven't uttered curses.
I haven't committed adultery - I haven't lain with men.
I have made none to weep.
I haven't eaten the heart.
I haven't attacked any man.
I am not a man of deceit.
I haven't stolen cultivated land.
I haven't been an eavesdropper.
I haven't slandered no man.
I haven't been angry without just cause.
I haven't debauched the wife of any man.
I haven't debauched the wife of any man.
I haven't polluted myself.
I have terrorized none.
I haven't transgressed the law.
I haven't been wroth.
I haven't shut my ears to the words of truth.
I haven't blasphemed.
I am not a man of violence.
I haven't been a stirrer up of strife.
I haven't acted with undue haste.
I haven't pried into matters.
I haven't multiplied my words in speaking.
I have wronged none - I have done no evil.
I haven't worked witchcraft against the Pharaoh.
I have never stopped the flow of water.
I have never raised my voice.
I haven't cursed god.
I haven't acted with arrogance.
I haven't stolen the bread of the gods.
I haven't carried away the khenfu cakes from the Spirits of the dead.
I haven't snatched away the bread of a child, nor treated with contempt the city god.
I haven't slain the cattle belonging to the god.
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Mary's Song
Millie Rieth
My soul doth glory in your love, O Lord.
My soul doth glory in your love, O Lord.
For you gazed on your servant with compassion,
And you reached out and took me by the hand.
Great are you, God, and Holy is your name.
Your mercy reaches through the end of time.
For the lowly you raise to the heavens,
And he proud hearted have no part with you.
Ah, how you fill the hungry with your love.
With empty hands the rich are sent away.
You will always be mindful in your mercy,
As you promised your people long ago.
My soul doth glory in your love, O Lord.
My soul doth glory in your love, O Lord.
For you smiled on your servant with compassion,
And you reached out and took me by the hand.
My soul doth glory in your love, O Lord.
My soul doth glory in your love, O Lord.
For you smiled on your servant with compassion,
And you reached out and took me by the hand.
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Saturday, May 24, 2008
La Refalosa
Hilario Ascasubi
Amenaza de un mazorquero y degollador de los sitiadores de Montevideo dirigida al gaucho Jacinto Cielo, gacetero y soldado de la Legión Argentina, defensora de aquella plaza.
Mirá, gaucho salvajón,
que no pierdo la esperanza,
y no es chanza,
de hacerte probar qué cosa
es Tin tin y Refalosa.
Ahora te diré cómo es:
escuchá y no te asustés;
que para ustedes es canto
más triste que un viernes santo.
Unitario que agarramos
lo estiramos;
o paradito nomás,
por atrás,
lo amarran los compañeros
por supuesto, mazorqueros,
y ligao
con un maniador doblao,
ya queda codo con codo
y desnudito ante todo.
¡Salvajón!
Aquí empieza su aflición.
Luego después a los pieses
un sobeo en tres dobleces
se le atraca,
y queda como una estaca.
lindamente asigurao,
y parao
lo tenemos clamoriando;
y como medio chanciando
lo pinchamos,
y lo que grita, cantamos
la refalosa y tin tin,
sin violín.
Pero seguimos el son
en la vaina del latón,
que asentamos
el cuchillo, y le tantiamos
con las uñas el cogote.
¡Brinca el salvaje vilote
que da risa!
Cuando algunos en camisa
se empiezan a revolcar,
y a llorar,
que es lo que más nos divierte;
de igual suerte
que al Presidente le agrada,
y larga la carcajada
de alegría,
al oír la musiquería
y la broma que le damos
al salvaje que amarramos.
Finalmente:
cuando creemos conveniente,
después que nos divertimos
grandemente, decidimos
que al salvaje
el resuello se le ataje;
y a derechas
lo agarra uno de las mechas,
mientras otro
lo sujeta como a potro
de las patas,
que si se mueve es a gatas.
Entretanto,
nos clama por cuanto santo
tiene el cielo;
pero ahi nomás por consuelo
a su queja:
abajito de la oreja,
con un puñal bien templao
y afilao,
que se llama el quita penas,
le atravesamos las venas
del pescuezo.
¿Y qué se le hace con eso?
larga sangre que es un gusto,
y del susto
entra a revolver los ojos.
¡Ah, hombres flojos!
hemos visto algunos de éstos
que se muerden y hacen gestos,
y visajes
que se pelan los salvajes,
largando tamaña lengua;
y entre nosotros no es mengua
el besarlo,
para medio contentarlo.
¡Qué jarana!
nos reímos de buena gana
y muy mucho,
de ver que hasta les da chucho;
y entonces lo desatamos
y soltamos;
y lo sabemos parar
para verlo refalar
¡en la sangre!
hasta que le da un calambre
Y se cai a patalear,
y a temblar
muy fiero, hasta que se estira
el salvaje; y, lo que espira,
le sacamos
una lonja que apreciamos
el sobarla,
y de manea gastarla.
De ahí se le cortan orejas,
barba, patilla y cejas;
y pelao
lo dejamos arrumbao,
para que engorde algún chancho,
o carancho.
. . . . . . . . . . . . . .
Conque ya ves, Salvajón;
nadita te ha de pasar
después de hacerte gritar:
¡Viva la Federación!
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¡Ojo al gallo nuevo!
Hilario Ascasubi
Published in: Aniceto el Gallo : gacetero prosista y gauchi-poeta argentino, Nº 11.
Buenos Aires. Marzo 12 de 1858.
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/05812845366847873132268/p0000008.htm
Velay la estampa del Gallo
que sostiene la bandera (1)
de la patria verdadera
del Veinticinco de Mayo.
El santero (2) don Catalde
es quien me ha hecho la fineza
de pintarlo a toda priesa
a lo divino, y de balde.
Es una prueba de afeto
y de generosidá,
que se la agradecerá
eternamente...
Notas
(1) La viñeta al frente de la segunda serie del Gallo, representaba una bandera con el gallo sobre el asta.
(2) El santero: el escultor, grabador o pintor.
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Nuestra Libertad
Margarita Recio
Entretejiendo huellas y caminos,
montando ilusiones
por campos desérticos,
los criollos a caballo van;
el poncho cubre sus fríos,
la noche desgrana estrellas,
y la luna alumbra su soledad.
El árbol presta su sombra
a esos hombres tan valientes,
que luchan por la libertad.
El viento extravía mensajes,
y el cielo quiere llorar,
desploma sobre la tierra,
mansas gotas sobre ellos,
en gritos de libertad.
Diadema de colores blanco y celeste,
cual palomas prendidas,
en los pechos están,
el pueblo se agolpa en las puertas,
del Cabildo Federal.
Hay gracias en los modales,
belleza colonial;
claridad en los pensamientos,
que buscan su identidad.
Susurros secretos,
de boca en boca van,
en el recinto colmado de palabras,
los patriotas reunidos deliberarán.
En sus rostros emocionados,
hay una luz en sus mentes,
porque ha nacido la patria,
el veinticinco de mayo de mil ochocientos diez.
Hoy la historia subió el telón,
el mundo entero aplaude,
a esta tierra generosa,
derramando dones,
destruyendo ataduras,
conservando, protegiendo,
nuestra reserva nacional.
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El Himno del Payador (fragmento)
Rafael Obligado
Ya Buenos Aires, que encierra
como las nubes, el rayo,
el Veinticinco de Mayo
clamó de súbito: "¡Guerra!"
¡Hijos del llano y la sierra,
pueblo argentino! ¿Qué haremos?
¿Menos valientes seremos
que los que libres se aclaman?
¡De Buenos Aires nos llaman,
a Buenos Aires volemos!
Link:
http://comunidad.ciudad.com.ar/ciudadanos/candido/rafael.htm
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Friday, May 23, 2008
Isis
English
Apuleius prays to Isis:
O blessed Queene of heaven, whether thou be the Dame Ceres which art the originall and motherly nource of all fruitfull things in earth, who after the finding of thy daughter Proserpina, through the great joy which thou diddest presently conceive, madest barraine and unfruitfull ground to be plowed and sowne, and now thou inhabitest in the land of Eleusie; or whether thou be the celestiall Venus, who in the beginning of the world diddest couple together all kind of things with an ingendered love, by an eternall propagation of humane kind, art now worshipped within the Temples of the Ile Paphos, thou which art the sister of the God Phoebus, who nourishest so many people by the generation of beasts, and art now adored at the sacred places of Ephesus, thou which art horrible Proserpina, by reason of the deadly howlings which thou yeeldest, that hast power to stoppe and put away the invasion of the hags and Ghoasts which appeare unto men, and to keepe them downe in the closures of the earth: thou which art worshipped in divers manners, and doest illuminate all the borders of the earth by thy feminine shape, thou which nourishest all the fruits of the world by thy vigor and force; with whatsoever name or fashion it is lawfull to call upon thee, I pray thee, to end my great travaile and misery, and deliver mee from the wretched fortune, which had so long time pursued me. Grant peace and rest if it please thee to my adversities, for I have endured too much labour and perill. Remoove from me my shape of mine Asse, and render to me my pristine estate, and if I have offended in any point of divine Majesty, let me rather dye then live, for I am full weary of my life.
Lucius Apuleius Metamorphoses Book 11:2
Isis answers:
Behold Lucius I am come, thy weeping and prayers hath mooved mee to succour thee. I am she that is the naturall mother of all things, mistresse and governesse of all the Elements, the initiall progeny of worlds, chiefe of powers divine, Queene of heaven! the principall of the Gods celestiall, the light of the goddesses: at my will the planets of the ayre, the wholesome winds of the Seas, and the silences of hell be diposed; my name, my divinity is adored throughout all the world in divers manners, in variable customes and in many names, for the Phrygians call me the mother of the Gods: the Athenians, Minerva: the Cyprians, Venus: the Candians, Diana: the Sicilians Proserpina: the Eleusians, Ceres: some Juno, other Bellona, other Hecate: and principally the Aethiopians which dwell in the Orient, and the Aegyptians which are excellent in all kind of ancient doctrine, and by their proper ceremonies accustome to worship mee, doe call mee Queene Isis. Behold I am come to take pitty of thy fortune and tribulation, behold I am present to favour and ayd thee, leave off thy weeping and lamentation, put away all thy sorrow, for behold the healthfull day which is ordained by my providence, therefore be ready to attend to my commandement. This day which shall come after this night, is dedicated to my service, by an eternall religion, my Priests and Ministers doe accustome after the tempests of the Sea, be ceased, to offer in my name a new ship as a first fruit of my Navigation. I command thee not to prophane or despise the sacrifice in any wise.
For the great Priest shall carry this day following in procession by my exhortation, a Garland of Roses, next the timbrell of his right hand: follow thou my procession amongst the people, and when thou commest to the Priest make as though thou wouldest kisse his hand, but snatch at the Roses, whereby I will put away the skin and shape of an Asse, which kind of beast I have long time abhorred and despised, but above all things beware thou doubt not nor feare any of those things, as hard and difficill to bee brought to passe, for in the same houre that I am come to thee, I have commanded the Priest by a vision what he shall doe, and all the people by my commandement shall be compelled to give thee place and say nothing! Moreover, thinke not that amongst so faire and joyfull Ceremonies, and in so good a company that any person shall abhorre thy ill-favoured and deformed figure, or that any man shall be so hardy, as to blame and reprove thy suddaine restoration to humane shape, wherby they should gather or conceive any sinister opinion: and know thou this of certaine, that the residue of thy life untill the houre of death shall be bound and subject to me! And think it not an injury to be alwayes serviceable towards me, since as by my meane and benefit thou shalt become a man: thou shalt live blessed in this world, thou shalt live glorious by my guide and protection, and when thou descendest to Hell, where thou shalt see me shine in that subterene place, shining (as thou seest me now) in the darkness of Acheron, and raigning in the deepe profundity of Stix, thou shalt worship me, as one that hath bin favourable to thee, and if I perceive that thou art obedient to my commandement, addict to my religion, and merite my divine grace, know thou, that I will prolong thy dales above the time that the fates have appointed, and the celestial Planets ordeined.
Lucius Apuleius Metamorphoses Book 11:5-6
Link:
http://www.gutenberg.org/files/1666/1666.txt
Latīna
Apuleius prays to Isis:
Regina caeli, - sive tu Ceres alma frugum parens originalis, quae, repertu laetata filiae, vetustae glandis ferino remoto pabulo, miti commonstrato cibo nunc Eleusiniam glebam percolis, seu tu caelestis Venus, quae primis rerum exordiis sexuum diversitatem generato Amore sociasti et aeterna subole humano genere propagato nunc circumfluo Paphi sacrario coleris, seu Phoebi soror, quae partu fetarum medelis lenientibus recreato populos tantos educasti praeclarisque nunc veneraris delubris Ephesi, seu nocturnis ululatibus horrenda Proserpina triformi facie larvales impetus comprimens terraeque claustra cohibens lucos diversos inerrans vario cultu propitiaris, - ista luce feminea conlustrans cuncta moenia et udis ignibus nutriens laeta semina et solis ambagibus dispensans incerta lumina, quoquo nomine, quoquo ritu, quaqua facie te fas est invocare: tu meis iam nunc extremis aerumnis subsiste, tu fortunam collapsam adfirma, tu saevis exanclatis casibus pausam pacemque tribue; sit satis laborum, sit satis periculorum. Depelle quadripedis diram faciem, redde me conspectui meorum, redde me meo Lucio, ac si quod offensum numen inexorabili me saevitia premit, mori saltem liceat, si non licet vivere.
Lucii Apuleii Asinus aureus Liber XI:2
Isis answers:
En adsum tuis commota, Luci, precibus, rerum naturae parens, elementorum omnium domina, saeculorum progenies initialis, summa numinum, regina manium, prima caelitum, deorum dearumque facies uniformis, quae caeli luminosa culmina, maris salubria flamina, inferum deplorata silentia nutibus meis dispenso: cuius numen unicum multiformi specie, ritu vario, nomine multiiugo totus veneratus orbis. Inde primigenii Phryges Pessinuntiam deum matrem, hinc autochthones Attici Cecropeiam Minervam, illinc fluctuantes Cyprii Paphiam Venerem, Cretes sagittiferi Dictynnam Dianam, Siculi trilingues Stygiam Proserpinam, Eleusinii vetusti Actaeam Cererem, Iunonem alii, Bellonam alii, Hecatam isti, Rhamnusiam illi, et qui nascentis dei Solis (et occidentis inclinantibus) inlustrantur radiis Aethiopes utrique priscaque doctrina pollentes Aegyptii caerimoniis me propriis percolentes appellant vero nomine reginam Isidem. Adsum tuos miserata casus, adsum favens et propitia. Mitte iam fletus et lamentationes omitte, depelle maerorem; iam tibi providentia mea inlucescit dies salutaris. Ergo igitur imperiis istis meis animum intende sollicitum. Diem, qui dies ex ista nocte nascetur, aeterna mihi nuncupavit religio, quo sedatis hibernis tempestatibus et lenitis maris procellosis fluctibus navigabili iam pelago rudem dedicantes carinam primitias commeatus libant mei sacerdotes. Id sacrum nec sollicita nec profana mente debebis opperiri.
Nam meo monitu sacerdos in ipso procinctu pompae roseam manu dextera sistro cohaerentem gestabit coronam. Incunctanter ergo dimotis turbulis alacer continuare pompam mea volentia fretus et de proximo clementer velut manum sacerdotis osculabundus rosis decerptis pessimae mihique iam dudum detestabilis belvae istius corio te protinus exue. Nec quicquam rerum mearum reformides ut arduum. Nam hoc eodem momento, quo tibi venio, simul et ibi praesens, quae sunt sequentia, sacerdoti meo per quietem facienda praecipio. Meo iussu tibi constricti comitatus decedent populi, nec inter hilares caerimonias et festiva spectacula quisquam deformem istam quam geris faciem perhorrescet vel figuram tuam repente mutatam sequius interpretatus aliquis maligne criminabitur. Plane memineris et penita mente conditum semper tenebis mihi reliqua vitae tuae curricula adusque terminos ultimi spiritus vadata. Nec iniurium, cuius beneficio redieris ad homines, ei totum debere, quod vives. Vives autem beatus, vives in mea tutela gloriosus, et cum spatium saeculi tui permensus ad inferos demearis, ibi quoque in ipso subterraneo semirutundo me, quam vides, Acherontis tenebris interlucentem Stygiisque penetralibus regnantem, campos Elysios incolens ipse, tibi propitiam frequens adorabis. Quodsi sedulis obsequiis et religiosis ministeriis et tenacibus castimoniis numen nostrum promerueris, scies ultra statuta fato tuo spatia vitam quoque tibi prorogare mihi tantum licere.
Lucii Apuleii Asinus aureus Liber XI:5-6
Link:
http://www.forumromanum.org/literature/apuleius.html
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Wednesday, May 21, 2008
Credo del estudiante de ingeniería
Creo en la Ciencia y en la Ingenieria,
creadora del Cielo y la Tierra.
Creo en la Introduccion a la Fisica,
su única hija nuestra enemiga, que fue concebida
por obra de Newton y Galileo.
Nació de don Moisés siempre sabio.
Padeció bajo el poder de Igor y Lincoyan.
Al tercer día la aprobé entre los muertos.
Y esta sentada a la diestra del Decano, y de allí
ha de venir a juzgar a los mateos y a los flojos.
Creo en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas,
Creo en los ingenieros, en la redención de los reprobados,
en el perdón de los ayudantes, y en permanecer en la Escuela
por algunos años más, si me dan el cuarto IAE.
Amén.
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Tuesday, May 20, 2008
Latin in Tombstone
In vino veritas. / Wine loosens the tongue. (1)
Age quod agis. / Pay attention to what you are doing (2)
Credat Iudaeus Apella, non ego. / Tell it to the Marines, not me. (3)
Iuventus stultorum... magister. / Youth is the teacher of fools.
In pace requiescat! / Rest in peace! (4)
(1) "There are sleeping drunks and fighting drunks and quiet drunks and talkative drunks. In vino veritas, an old Roman proverb, with the literal meaning 'in wine the truth', tells us that people under the influence of wine or other spirits will say things they ordinarily try to conceal."
Ehrlich, Eugene: Amo, Amas, Amat and More (Harper and Row, 1985), p. 164
(2) "Age quod agis, literally 'do what you are doing', is excellent advice for those who become careless in their work as well as for those who fail to do what they are supposed to do."
Ehrlich, Eugene: Amo, Amas, Amat and More (Harper and Row, 1985), p. 34
(3) This phrase comes from a work by Horace (Horace's Satires, book 1, satire 5, lines 100-101) literally, this reads "Let the Jew Apella believe it; I will not." Roget's Thesaurus entry #497 (absurdity) gives "Credat Judaeus Apella" the loose translation "Tell it to the Marines", while entry #485 (unbelief) suggests "Let those believe who may."
The context in Horace: Horace is traveling through Italy. He sees some religiously related divine flame at a shrine. He does not believe in the miracle, so he says those words.
(4) Poe's The Cask of Amontillado
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Monday, May 19, 2008
La tina
Cuando era yo chiquito
me limpiaban el culito
ahora que soy grandecito
me lo limpio yo solito.
Cuando vayas a la playa
no te vistas de amarillo
porque sale un cangrejillo
y te pica el fundillo.
Cuando vayas a la playa
no te lleves a mi hermana
porque sale el hombre rana
y le mete la macana.
Las muchachas de la esquina
no se meten a la tina
porque saben que hay abajo
una verga submarina.
El relojero de la esquina
cuando pasan las muchachas
al pobre relojero
se le para el minutero.
Cuando pasé por tu casa
me aventaste una flor
a la otra que yo vaya
sin maceta por favor.
Cuando pasé por tu casa
me aventaste a tu hermana
como no traia guante
la caché con la macana.
En el bosque de la China
se robaron a mi vieja
la amarraron a un pino
y le metieron el pepino
la llevaron a la playa
y le metieron la papaya
la pusieron en la cama
y le metieron la macana
la pusieron en un bote
y le metieron el camote
la llevaron a la huelga
y le metieron la que cuelga
la llevaron a la zona
y la dejaron bien panzona.
Los bomberos de Hermosillo
no apagan ni un cerillo
porque tienen la manguera
retacada en el fundillo.
El torito a la vaca
se la mete y se la saca
y la vaca agradecida
se la mama y se la estira.
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Sunday, May 18, 2008
I will fight no more forever
English
Surrender speech of Chief Joseph of the Nez Perce in 1877 to the US Army.
I will fight no more forever
I am tired of fighting.
Our chiefs are killed.
Looking Glass is dead.
Toohulhulsote is dead.
The old men are all dead.
It is the young men who say no and yes.
He who led the young men is dead.
It is cold and we have no blankets.
The little children are freezing to death.
My people, some of them,
Have run away to the hills
And have no blankets, no food.
No one know where they are-
Perhaps they are freezing to death.
I want to have time to look for my children
And see how many of them I can find.
Maybe I shall find them among the dead.
Hear me, my chiefs, I am tired.
My heart is sad and sick.
From where the sun now stands
I will fight no more forever.
Español
Discurso de rendición, ante el ejercito de USA, del jefe Joseph de los Nez Perce en 1877
No pelearé nunca más
estoy cansado de pelear.
Nuestros jefes están muertos.
Espejo está muerto.
Toohulhulsote está muerto.
Los viejos están todos muertos.
Son los jóvenes los que dicen no y si.
El que lidereaba a los jóvenes está muerto.
Hace frío y no tenemos cobijas.
Los niños se están congelando hasta morir.
Mi gente, algunos de ellos,
han huído a las colinas
y no tienen cobijas, ni comida.
Nadie sabe donde están.
Tal vez se congelaron y murieron.
Quiero tener tiempo para buscar a mis hijos.
Y ver a cuántos de ellos puedo encontrar.
Tal vez los encuentre entre los muertos.
Escúchenme, mis jefes, estoy cansado.
Mi corazón está triste y enfermo.
Desde donde está el sol ahora
no pelearé nunca más.
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Saturday, May 17, 2008
La Tapatía
El Personal
En Guadalajara fue
en Guadalajara fue
donde yo me enamoré
donde yo me enamoré...
La conocí en la central
comprando un birote descomunal
por la calzada yo me fui
siguiendo sus pasos me perdí
en San Juan de Dios la encontré
y en el mercado me la ligué.
La agarre de la cintura
y le dije con dulzura
deme un besito siquiera
ándele ¡no sea rancheraaaaaaa!
Le compré un par de huaraches
pa' que brincara los baches
un collar de tejocotes
que hacia juego a sus ojotes
le disparé los pepinos
luego, luego, nos fuimos.
En la Plaza Tapatía
nos siguió la polecía
Nos metimos al Hospicio
para darle a nuestro vicio
Nos subimos al par vial,
visitamos Catedral,
la pasié por todo el centro,
nos clavamos muy adentro,
vimos bicis, vimos motos,
y en la calle muchos jotos,
caminamos por la Juárez,
rumbo al cine Variedades,
nos dimos un toquecito,
y se le abrió el apetito.
Le invité unos antojitos
le brillaban los ojitos
le compré 4 tostadas, 8 sopes, un pozole,
tres tamales con atole y
10 estrellitas heladas
y alli fue dónde me dijo
¿sabes que quisiera "mijo"?
que antes de que yo me vaya
¡cómprame una jericallaaaaaaaaaaaa!
En Guadalajara fue,
en Guadalajara fue,
donde yo me enamoré.
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Friday, May 16, 2008
Los 10 mandamientos
Los Mandamientos de la Ley del Profesor, son 10:
I Respetarás a tu Profesor sobre todos los otros.
II Respetarás a tus compañeros como a ti mismo.
III No levantarás la mano en vano.
IV Sacrificarás las fiestas por estudiar.
V No copiarás.
VI No faltarás.
VII No molestarás.
VIII No desearás la calificación de tu prójimo.
IX No levantarás falsos testimonios ni mentiras.
X No matarás (clases).
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Minbari Rebirth ceremony
Will you follow me
into fire,
into storm,
into darkness,
into death?
And the Nine said, yes.
Then do this as testimony
to the One who will follow
who will bring death
couched in the promise of new life
and renewal
disguised as defeat.
From birth, through death and renewal, we
must put aside old things, old fears, old lives.
This is your death
the death of flesh
the death of pain
the death of yesterday.
Taste of it!
Taste of it!
Be not afraid,
for I am with you,
till the end of time.
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Thursday, May 15, 2008
Canción Compilada
(bolero informático)
Resulta díficil, creer un momento
que estés en silencio, tan sola y a obscuras
no encuentro a otra que se te parezca,
ni siquiera Von Neumman, te puede imaginar.
Tu corazón nunca, se encuentra ocioso
tiempo compartido, para poderte amar
en tu memoria residen aquellos lenguajes
en que te expresaste, delante de mi.
Pero ese lenguaje, quedó en el olvido
de lo que fueron esos, momentos recursivos
dejaste mi vida atada a un puntero..
sin conocer su nil.
Hoy veo ventanas sin maximizar,
ni siquiera esa rata, las puede cambiar
no existe formato para este pesar.
CONTROL-ALT-DEL, and love me tonight
En tu compañia nunca he de dudar
pues tus resultados, jamás han sido errados
más siento un angustia pues esto que canto
lo guardas en ASCII, y empiezas a compilar
Pero, a pesar de todo, no olvido el recuerdo
de ese periférico y de aquella interface
con que nos acercamos el uno hacia el otro
por siempre seras un capricho ejecutable.
Mi computadora...... (tan-tan)
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Labels: poema
Wednesday, May 14, 2008
Seguidillas
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un bambú.
Yo me hice una flauta
tururú tururú tururú.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste una estufa.
¡Que calor! ¡uffffa!
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste una malla.
Te la devuelvo
mallalla en la mallalla
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un calzón.
Yo no pensé en nada
y solo fui y te di como tambor.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un burro.
¡Que penca!
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste una maleta/puerta.
No me dolió
por que venía abierta.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste una palta.
Que palta de respeto.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un queso.
No se hace eso.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un martillo.
No me dolió
por que cayó en el pasillo.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un portafolio.
Pucha que me dolió.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un revólver.
Ahora yo no te lo pienso devólver.
Ayer pasé por tu casa
y me tiraste un lápiz.
no lo Bic.
Ayer pasé por tu casa
y te estabas bañando.
Lo que te quería ver
te lo estabas jabonando.
En la puerta de mi casa
planté un árbol.
Puta que soy hueón,
y ahora, ¿Cómo salgo?
Ayer pasé por tu casa,
y me tiraste un bidé.
Ahora se que no eres rubia,
adivina lo que encontré.
Ayer pasé por tu casa
y escuché un tiroteo.
Cuando me asomé a la
ventana eras tu tirándote peos.
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Sunday, May 11, 2008
Clarence Cool
This is the story of Clarence Cool
Who was born with a spiral tool
He spent his life in a fruitless hunt
To find a girl with a spiral cunt
But, when he find her, he almost drop dead
'Cause she was born with a left-hand thread
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Seguidillas
Cuando pasé por tu casa
me salieron un perros.
Quise agarrar una piedra,
pero me manché los dedos.
Cuando se muera mi suegra,
que la entierren boca abajo,
por si se quiere salir,
que se vaya mas pa' bajo
Cuando se muera mi suegra,
que la entierren boca arriba,
por si quiere escupir,
que se escupa la barriga.
Cuando se muera mi suegra,
que la entierren de perfil,
por si se quiere salir
que se vaya pal' Brasil
Cinco Casas, Cinco Casas,
tierra de amor y alegría,
tus mujeres son de fuego,
con gracia de Andalucía.
Gañanes de Peñaloza,
no direís que no os aviso,
que he de quitarle a la Rosa,
debajo de los parrales,
el virgo.
Con cáscaras de gorrino
y vino del Tomelloso,
aunque seas mequetrefe
te pondrás gordo y hermoso.
En Peñaloza había un pastor,
comía gachas tan despacio,
que la gente le decía:
gacha paso, gacha paso.
Virgen de la Soleá,
que ayer cobraste sueldo,
y no me dijiste ná.
¿Que no sabes lo que es vida?
¿Que no sabes lo que es amor?
Pues hijo, eres un ignorante.
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Saturday, May 10, 2008
Pentecost
Whitsun
Whitsunday
Whit Sunday
Pentecost (Ancient Greek: πεντηκοστή [ἡμέρα], pentekostē [hēmera], "the fiftieth day") is one of the prominent feasts in the Christian liturgical year, celebrated the 49th day (7 weeks) after Easter Sunday (the tenth day after Ascension Thursday). It commemorates the descent of the Holy Spirit upon the Apostles and other followers of Jesus as described in the Book of Acts, Chapter 2.
http://en.wikipedia.org/wiki/Pentecost
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Thursday, May 8, 2008
The boots
Umm, why did you eat my boots, Mr. Krabs?
--- SpongeBob, "SpongeBob SquarePants" (Episode 8b - Squeaky Boots)
That smell... a kind of smelly smell... a smelly smell that smells... smelly. Anchovies.
--- Mr. Krabs, "SpongeBob SquarePants" (Episode 1a - Help Wanted)
SpongeBob: Did he change his mind?
Squidward: He sure did. Ate the whole thing in one bite.
--- "SpongeBob Square Pants" (Episode 5a - Pizza Delivery)
There was an old man of Peru
Who dreamt he was eating his shoe
He woke up in the night
With a terrible fright
And found it was perfectly true
--- Gary the Snail, "SpongeBob SquarePants" (Episode 15a - Sleepy Time)
I've heard better comebacks from a turkey sandwich! Get a life!
--- Tentacle Acres resident, "SpongeBob SquarePants" (Episode 26b - Squidville)
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How did it come to this?
Where is the horse and the rider? Where is the horn that was blowing? They have passed like rain on the mountain, like wind in the meadow. The days have gone down in the West behind the hills into shadow. How did it come to this?
--- Theoden, "The Lord of the Rings: The Two Towers" (2002)
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Sunday, May 4, 2008
The Ascension of the Lord
Matthew 28:20
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Thursday, May 1, 2008
La planta
Kaos
Si tu piensas que me has roto la maceta
No te preocupes ya me acostumbré a regarla
Y ya te me estabas pasando de verde
Mañana te secas, yo me consigo otra planta
Pero que sea desértica, oh si, desértica
Pero que sea desértica, oh si, desértica
Asi si la riego no, no me preocupo porque va estar muy bien
Asi si la riego no, ya no me apuro como la regué contigo
Y que un solo jardinero recoja el fruto
No como tu que ya estabas recogida
Y si es que otro se anima
Pues buena suerte, a ver si no se espina
Y te pareces tanto a una enredadera
En cualquier tronco te atoras y le das vueltas
Con tus ramitas que se enredan donde quiera
Y entre tanto ramerio ya te apodamos la ramera
Y que un solo jardinero recoja el fruto
No como tu que ya estabas recogida
Y si es que otro se anima
Pues buena suerte, a ver si no se espina
Y te pareces tanto amor a una enredadera
En cualquier tronco te atoras y le das vueltas
Con tus ramitas que se enredan donde quiera
Y entre tanto ramerio ya te apodamos la ramera
Pero que sea desértica, oh si, desértica
Pero que sea desértica, oh si, desértica
Pero que sea desértica, oh si, desértica
Pero que sea desértica, oh si, desértica
Video
http://www.youtube.com/watch?v=7ogJQ49jKW0
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